2 ago. 2009

Étrange dieux

“Enmanuelle…

De verdad, ya no te quiero, no como antes. Es increíble como pasa el tiempo.

Hace casi dos años te abandonaba porque me aburrías, ahora te busco porque me aburro. Ya no te amo, ni tu a mí, pero como nos necesitamos… Ahora solo me ofreces esa sensación de satisfacción que de seguro yo también te produzco al estar cerca el uno del otro. Me da vergüenza decirlo, pero, somos tan grandes… Somos muy grandes en realidad, ¿no lo sientes? Somos inmensos, ¡gigantes!

Cuando éramos novios me decías que siempre te sentiste rechazado, pero superior, y yo te decía lo mismo. El rechazo es de los grandes, ¿no lo crees? Lo mejor del caso es que siempre fuimos grandes, y cuando estuvimos juntos la grandeza no se dobló, creo que se triplicó más bien…

Sí, se triplicó. Ahora me cuentas las deficiencias de tu novia, y sinceramente no lo puedo creer, jamás te imaginé hablando así de una mujer conmigo. Jamás me hablaste así de tu ex cuando fuimos novios, más bien eras un caballero enfermizo, demasiado caballero; llegabas a un punto en el que me molestabas, a mí, acostumbrada a los hombres rastreros. En un momento sentí que eras mucho para mí, hasta que me di cuenta de que no era así, me di cuenta de la reina que soy y del rey que eres tú. Todavía eres así conmigo.

No estamos juntos, ¡pero como nos complementamos! Muchas personas -esa clase de gente que no nos gusta, pero existe- me dijeron, mejor dicho, nos dijeron que éramos muchas cosas. Yo no sabía si creerles, tu solo sabías que éramos inmensamente poderosos, lo sentías cuando estabas solo, y cuando estabas junto a mi sentías que teníamos la fuerza del universo en nuestras bocas, en la garganta, a punto de estallar en epifanías, en mandatos a la podredumbre habitante de esta hermosa tierra. Separados somos grandes, juntos somos poder encerrado en cuerpos de miradas tristes, ¿no lo sientes?

¿No te sientes un dios a veces? Yo sola me siento una diosa, pero cuando estoy contigo siento que Gaia es mi mano derecha, ¿si me comprendes? Esto es demasiado para mí, nos necesitamos demasiado. No nos amamos, pero como nos necesitamos.

Se que te diste cuenta de esto hace mucho porque hace poco me lo insinuaste, se que lo nuestro fue la mejor etapa de nuestras vidas, y se que sientes que no volverás a vivir algo tan grande con nadie porque sencillamente no hay nadie tan grande como tú que no sea yo, y lo se porque yo también me di cuenta, y todavía lo siento, más que nunca. Sonará todo muy arrogante, pero tú sabes que es así. ¿Estoy loca?

Lo siento, este montón de locuras tenía que ser escrito, no podría decírtelas de frente jamás, no me atrevería.

Cecile.”

Esta carta la encontró hoy la madre de Enmanuelle y no tardó en enseñármela, de verdad lamenté mucho decirle que la única respuesta lógica que le podía dar a sus inquietudes es que, según la fecha, la carta fue escrita por Cecile Serrat para Enmanuelle Gómez hace un año. Transcurrida una semana, es la única pista que contribuye a aclarar –muy poco por cierto- el hecho de que el matrimonio Gómez Serrat, ahora venerado, se elevara por los cielos, envueltos en la luz más blanca que Barcelona haya visto.

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