1 abr. 2010

Minicuento 8

Cuandó noto que nadie la veía, dió la vuelta y poco a poco se fue alejando. Una triste y pacífica sonrisa se dibujaba en su rostro cuando él, separándose del grupo, la llamó.
-¿Qué tienes?-, le preguntó extrañado a la niña, quien con un ligero gesto y una sonrisa le hacía saber que no tenía nada.
Él se extrañó unos segundos más y luego se reincorporó al grupo. Ella caminó hacia una cima que prometía darle toda la luz y la oscuridad; y un viejo viento, que trataba de atajar su cuerpo, le hizo sentir que todo había valido la pena.

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