1 abr 2010
Minicuento 8
-¿Qué tienes?-, le preguntó extrañado a la niña, quien con un ligero gesto y una sonrisa le hacía saber que no tenía nada.
Él se extrañó unos segundos más y luego se reincorporó al grupo. Ella caminó hacia una cima que prometía darle toda la luz y la oscuridad; y un viejo viento, que trataba de atajar su cuerpo, le hizo sentir que todo había valido la pena.
13 mar 2010
Minicuento 7: "Gracias por los favores concedidos"
Creías que eras una puta antes de llegar a mi vida; luego te divinizaste y entraste para quedarte, en este altar, sin velas ni santos. De la nada empezaste a prender una cerilla cada vez que querías iluminarme, sosteniéndola en tus dedos -entre nuestros rostros, sólo separados por ella- hasta que se consumiera. Nos encadilamos algún tiempo, hasta que se te acabaron las cerillas, y yo me volví a encender mis velas, sin dioses, sin ti, que ya habías empezado a prostituirte y no me había percatado. Mi querido remedo de puta, sólo me queda agradecerte por no cobrarme, y por no olvidarme.
10 feb 2010
Trayecto II
Ya en la zona residencial el viento me da la bienvenida, las alargadas hojas del eucalipto de la esquina se movían, más que lo que tienen por costumbre -ellas de por sí ya parecen un chorro de vida color de olivo que se desborda de las ramas-, oigo su sonido, ¡y en verdad pareciera que el agua estuviera pasando en torrentes por el cielo! Atravieso una calle algo oscura, en cada extremo un edificio: uno rojizo y el otro más claro, casi blanco. Los observo detenidamente, de abajo hacia arriba, de verdad hace un silencio hermoso en el medio de las voces del llamado.
Noto que al lado de cada edificio, en el cielo, hay una estrella que asemeja el color de cada uno, una rojiza, hermosa y particular, a la izquierda; otra blanca y brillantísima a la derecha -pareciera que hubieran echado un manto negro sobre el día y hubiera quedado ese pequeño agujero al rozar uno de los rayos del sol-, se miran, igual que las dos torres, sin altivez, sin riña, siempre es música entre ellos. En la otra calle reina la oscuridad. La blancura de una lechuza la atraviesa, callada, sabe que las voces no han terminado de cantar.
Cactus a mi derecha, oscuros, tranquilos, esconden entre sus ramas tanta vida: iguanas que descansan de pasar el día asoleando su piel, tal vez es la luz del sol que las hace brillar tanto para que nos ofrezcan ese espectáculo tan bello que es mirarlas. A mi derecha, postes de luz dan la iluminación necesaria para que la oscuridad siga siendo hermosa. El viento vuelve a arremeter con toda su finura contra mis cabellos y las hojas de los arboles que marcan mi sendero las voces vuelven a empezar, los revuelve; ellas hacen ruido, ellos prestan a mis ojos nuevas formas de ver el mundo a través de ellos. Paso debajo de un ultimo árbol mas grande que todos los anteriores, frondoso, su silueta no se veía contra ninguna luz, no deja que ninguna lo atraviese.
9 feb 2010
Minicuento 6: "Trayecto"
Me desplazaba sin usar mis piernas. Recuerdo una luz verde, muy brillante, que fui dejando atrás poco a poco. Luego, a lo largo de ese oscuro camino que se iluminaba de tanto en tanto, llegué a un lugar algo estrecho, de paredes blancas, y un resplandor rojo llegaba desde el final hasta el principio de esa enorme pared blanca: nacía de una torre negra y extraña, y se propagaba por todo el sendero mediante pequeñas réplicas que me rodeaban tenazmente, como con el orgullo de llevar la significación de la original, la grande, alta y extraña. Seguí desplazándome, esta vez con mis piernas. Ya no quedaba sino el recuerdo iluminado del trayecto más costoso que había hecho sobre ese mismo sendero, que de seguro aún sigue brillando con la misma intensidad, todas las noches.
7 feb 2010
Minicuento 5: "Lenguatrabadas"
6 feb 2010
Canción II: "En ruinas"
a hierbas,
a monte,
a alcohol y a brisa.
Agradable tal vez,
pero eso sí,
muy extraño.
Como tú, como yo.
Pero aún mejor,
como los dos.
7 dic 2009
Cuando Máximo se metía al baño
23 nov 2009
Canción I
ay, amor…
Irme
y que no sea más feliz,
aunque no lo diga,
¡ay! Amor…
Puede ser tan cruel,
pero así le amo, ay…
Es que usted no quiere entender
qué es esto o qué es aquello,
usted simplemente es usted.
Tampoco quiere saber
qué es esto
¡o qué es lo otro!
Usted simplemente no cree.
Y… ¡Ay amor!
Si usted no cree,
¿quién va a creer?
Ay amor…
Y que esa boba soberbia se borre de su mirada…
Y que no sea más feliz…
4 nov 2009
Minicuento 3
-¿Le permitiría derramar una lagrima?
-Lo siento, pero no puedo, la necesito tan fuerte como yo para que sea tan rica como tú.
Felicidad corrió llorando mientras Orgullo apretaba fuertemente con sus pulgares los puntos lacrimales de los ojos de Amor, que pronto quedarían tan ciegos como siempre se supo.
